Periodismo. La digna y riesgosa profesión de informar.

Por Liliana Becerril Rojas

Columna #RevolucionariaSocial

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“La verdad no peca, pero incomoda” y el gran problema es a quién incomoda. La cifra de periodistas asesinados se duplicó durante el año 2020 en México, sumando 38 víctimas de esa incomodidad.

La búsqueda de la verdad, de los hechos que escriben la historia que vivimos como sociedad, suele ser una senda llena de amenazas y riesgos, pero también de la satisfacción de mostrar a la luz los datos relativos a sucesos que afectan de alguna forma la vida de la sociedad.

El periodista es incitado por su compromiso con la verdad, para mostrar la raíz de los hechos, las motivaciones de los actores sociales y políticos a fin de llevar a cabo acciones que determinan el destino de una comunidad, una región o de un país. El peso de su labor es tan significativo que suele asignársele el peso de un cuarto poder, ya que por medio de su difusión es posible edificar o destruir mediáticamente a una persona, a un régimen y un sistema; eso explica que en el mundo de la información corran fuertes sumas de dinero destinadas a comprar el compromiso de las plumas que puedan tener un fuerte impacto en la vida mediática de un país, llevando a la práctica el acto corrupto que en el mundo de la información se conoce como “chayote”.

Con gran frecuencia los profesionales de la información deben elegir entre desarrollar su profesión o mantener a salvo su propia existencia y la de su familia. Por eso, la labor de levantar la voz para develar el velo de las falsas versiones es un acto de heroísmo que debe valorarse y reconocerse.

Lamentablemente, la noble labor de brindar información a la sociedad, hace de esta profesión una actividad de alto riesgo, por lo que la violencia ejercida contra los periodistas va desde un insulto, la destrucción de su patrimonio, la ilegal privación de la libertad, hasta al asesinato.

Cabe aceptar, sin embargo, que también hay quienes actúan como mercenarios de la información, dándole una apariencia de veracidad a las mentiras que convienen a ciertos grupos de poder, haciendo pasar como verdaderas a las falacias que dividen y lastiman a la sociedad.

Como ciudadanos, necesitamos garantizar nuestro derecho a la información, lo que nos debería mover para exigir protección para las personas que arriesgan su vida por el solo hecho de hablar con la verdad sobre un acto escabroso. Porque gracias a los periodistas podemos contemplar   la realidad desde distintas aristas y leer los escenarios que se presentan ante nosotros. Nuestra interpretación de la realidad puede tener más elementos que la conducen hacia una mayor objetividad.

Abrazo con admiración y solidaridad la entrega y la pasión de los periodistas honestos, los hombres y mujeres que prendan más que su propia vida a la noble labor de buscar la verdad y darla a conocer, sin importar el precio que les signifique cumplir con este compromiso. Ellos, que son nuestros ojos, nuestros oídos y nuestra voz. 

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