¿Por qué cayó estrepitosamente la imagen del gobierno de Lorena Cuéllar?

Por: Enrique Gasga

Primero, debo decir que todo gobierno inicia con el beneficio de la duda y la imagen tanto del gobierno como del gobernante que viene de un triunfo, por obvias razones, inicia con una imagen positiva y en la mayoría de los casos, fuerte. Y a partir de que inicia el nuevo gobierno su administración, a partir justamente de ese momento; ya depende de la estrategia que el área de comunicación y quien directamente se encargue de la imagen del gobernante y del gobierno, en el caso del gobierno de Tlaxcala de la o el coordinador de comunicación, que dicha imagen positiva se mantenga o se fortalezca lo cual de ninguna manera es fácil.

Por eso es importante que el gobernante en turno cuente con el apoyo de un especialista en llevar imagen; un especialista en construir discurso político, que sepa del manejo de medios de comunicación y sepa mantener una buena relación con reporteros y directores de medios.

Y aquí, en 2018 con la llegada de López Obrador a la presidencia hubo un quiebre para muchos gobiernos locales en materia de comunicación; porque la estrategia de Andrés Manuel fue construir su imagen y la de su gobierno en dos ejes: el primero el discurso de: el pueblo manda; y por otro lado, atacar y descalificar el trabajo de todo medio de comunicación crítico a su gobierno.

Obviamente, la crítica iba a crecer por las provocaciones diarias desde la mañanera, pero Amlo, ya tenía la respuesta: Son medios que sirven al neoliberalismo enemigos del pueblo.

Pero Andrés Manuel contaba con toda la fuerza del estado, recursos económicos, un aparato de medios y bots, según señalamientos, que apoyaban los ataques para desprestigiar a toda la prensa crítica.

El problema para los estados que quisieron replicar esa estrategia fue pésimo, porque obviamente no estaban preparados para aguantar la avalancha de críticas que se les fue encima.

En el caso del Gobierno de Lorena Cuéllar al inicio no fue así, en los primeros dos años se mantuvo cercanía con los medios; no hubo mañaneras donde se confrontara la gobernadora con la prensa y había una atención constante de la propia mandataria, aunque lo que falló fue que se quiso construir un discurso erróneo de que la gobernadora era la mejor gobernante que había tenido Tlaxcala; lo cual era imposible porque apenas había iniciado su administración; ya que no es válido comparar la administración de un año con sexenios completos.

De cualquier manera, la imagen de la gobernadora en los dos primeros años y su relación con los medios era positiva, hasta ese momento.

Pero los cambios de vocero en lo subsecuente fueron negativos y de mal en peor, trayendo a coordinadores de comunicación ineficientes y alejados de los medios de comunicación; y que su inexperiencia fue alejando cada vez más a la gobernadora de los comunicadores; así como la pésima respuesta discursiva ante problemas en áreas sensibles como la seguridad, la salud y el campo fueron debilitando el discurso en esas áreas donde la gobernadora estaba trabajando constantemente.

Las críticas en un principio eran menores. Y aquí quiero hacer un paréntesis para decir que siempre habrá críticos del gobierno; así como detractores, pero son los menos. Lamentablemente, cierro el paréntesis, no ha habido la capacidad de los últimos tres voceros para atender esas críticas o denostaciones y lo que han hecho es criticar a los críticos, descalificarlos, poner a pelear a la gobernadora con ellos en lugar de atender esa crítica.

La inexistencia de una estrategia para atender la crítica y contar con un discurso fuerte, confiable y creíble ante la descalificación, ha provocado cada vez más abolladuras en la endeble armadura que le han querido poner a la gobernadora.

Hoy, el enojo y alejamiento gradual de la gobernadora; no es provocado por la crítica en sí; sino por los voceros que no saben cómo responder ante la misma y ponen a la prensa como enemiga del gobierno.

El cuento de la derecha, los conservadores y neoliberales, no es un discurso para Tlaxcala. En Tlaxcala todos somos pueblo; así lo hemos sido y siempre se había podido hablar de tú a tú con los gobernantes.

Hoy por hoy, lamentablemente, se ha roto esa comunicación entre gobierno y prensa para mal.

La incapacidad de los voceros ha afectado el trabajo de la gobernadora; ha afectado su imagen y la de su gobierno.

El discurso del gobierno hoy se ve muy alejado de la realidad; y es que los asesores de la mandataria la han metido en una burbuja, en una armadura endeble que no sólo la aleja de la gente; sino que la aleja de la realidad.

Los últimos dos años del sexenio son para definir la imagen del gobernante, para construir cómo va a ser recordado o recordada en el caso de Tlaxcala, la mandataria.

Y otra vez, lamentablemente, estos dos años precisamente, los ha ocupado el actual vocero para atacar a la prensa, para pelear con los medios. No pudo hacer la gobernadora una peor elección en el peor momento.

Tenemos una mandataria que le tocó enfrentar una situación adversa en criminalidad con la presencia del crimen organizado alrededor de todo el estado, con una economía nacional que no crece, con un sistema de salud muy golpeado.

La situación en el país no es sencilla; pero con todo eso, también ha habido en estos cinco años mucho trabajo en esos sectores, nadie podrá negar la gestión de la mandataria en esos y otros rubros.

Pero la imagen de la mandataria y con ella la de su gobierno ha seguido cayendo por los motivos mencionados; mucho trabajo, mala imagen. Pero de eso hay responsables, ojalá la gobernadora pudiera rescatar algo de su imagen antes de dejar su administración, pudiera limar asperezas con la prensa, y es que ni modo, si le sigue confiando a la fracasada área de comunicación su imagen, será injusto cómo pase a la historia su imagen y la de su gobierno.

Y no es que la prensa limpie la imagen de la mandataria, no es su trabajo; pero al menos le da voz para que pueda explicar su versión; ya que la de los voceros no ha hecho, sino enrarecer su imagen, se pierde objetividad. Y el ciudadano tiene una versión errónea del gobierno y de su mandataria. Ni más ni menos, todo debe estar en su justa dimensión.          

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